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28/12/2010

La historia oculta del acuerdo fiscal de la Casa Blanca

“Espiral mortal hacia la plutocracia”

Too Much

Traducción para www.sinpermiso.info: Txomin Martino


El pacto de recorte fiscal de la administración Obama anunciado la semana pasada ha enfurecido a muchos estadounidenses. Pero la pródiga generosidad hacia los ricos de EEUU no debe sorprender a nadie.

Mucha de la cháchara sobre el pacto de recorte fiscal que la Casa Blanca ha acordado con los líderes republicanos del Congreso ha girado entorno a las implicaciones a corto plazo del pacto, los dólares que extendiendo los recortes de Bush dos años –y declarando un año de “fiesta” fiscal a la Seguridad Social –irán a los bolsillos de EEUU.

Esos dólares son –unos 77.000 $, de media, para cada norteamericano perteneciente al 1% más rico, y poco menos de 400 $ para los contribuyentes pertenecientes al 20% más pobre– ciertamente una lectura animada.

Pero el impacto más significativo del pacto, como señala el economista Paul Krugman, será casi seguro a largo plazo. Nos enfrentamos a “la creciente probabilidad de que los impuestos bajos para los ricos se hagan permanentes, dañando las políticas públicas durante las décadas venideras”.

Y con la creciente probabilidad, de que hayamos entrado en lo que el cofundador de Wealth for the Common Good, Chuck Collins, ha calificado como “espiral mortal hacia la plutocracia”. A mayor riqueza concentrada, más ricos utilizan esa riqueza –y poder– para reescribir nuestras reglas económicas y concentrar más, si cabe, los privilegios.

La Casa Blanca, en cambio, no aprecia en absoluto mayor peligro en la extensión de los recortes fiscales de Bush a los más ricos de los EEUU. Aparentemente la semana pasada el presidente calificó de “puristas” a aquellos que atacan su deseo de realizar dicha extensión.

“Los estadounidenses”, se pronunciaba el presidente, “no nos han enviado aquí para librar batallas simbólicas o ganar simbólicas victorias”.

Unos 60 años atrás, un predecesor del Presidente Obama en el Partido Demócrata tomó exactamente la dirección opuesta. Aquel presidente, Harry Truman, se enfrentaba a una situación no muy diferente al embrollo al que se enfrenta hoy el presidente Obama.

Los victoriosos republicanos, tras las elecciones de 1946, demandaron recortes impositivos transversales que hubieran beneficiado principalmente a los más ricos. Truman rechazó seguir esa línea y vetó todos los recortes impositivos que le enviaban los legisladores republicanos. Los republicanos finalmente hicieron caso omiso de aquellos vetos. Pero Truman les hizo pagar.

Los republicanos, cargaba Truman repetidamente aquel año en su campaña por la reelección, “ayudan a los ricos y clavan un cuchillo en la espalda del pobre”.

Truman llegaría a un sorprendente grado de enfado. Su consistente oposición a los recortes a los ricos le granjeó la confianza de la gente. Aquella gente y Truman, tras décadas de penuria económica, llegaron a compartir la misma perspectiva: Vastas concentraciones de riqueza privada ponen en peligro el bienestar de la nación.

Uno de los expertos más reverenciados de EEUU, el columnista Walter Lippmann, reflexionó sobre esta perspectiva en mayo del 37, después de la muerte de John D. Rockefeller.

La nación, destacaba Lippman, nunca volvería probablemente a ver una fortuna tan grande como la de Rockefeller. El anciano de 97 años John D. había “vivido lo suficiente para ver los métodos por los cuales se puede acumular una fortuna fuera de la ley de la opinión pública, prohibida por ley, y prevenida por las leyes fiscales”.

En los EEUU, añadiría Lippman, “el sentir general se ha puesto por completo en contra de la acumulación privada de excesiva riqueza”.

Truman comprendió esa realidad política. Él nunca hubiera extendido el acuerdo que anunció la Casa Blanca la semana pasada, o dejado de lado la lucha por controlar a los ricos como algo meramente “simbólico”. Eso hubiera sido impensable. 

Y eso plantea una interesante cuestión. ¿Cuándo un trato como el pacto de recorte impositivo de la semana pasada devino “pensable” para un presidente proveniente del Partido Demócrata? Irónicamente ese salto radical hacia lo “pensable” tiene sus raíces en los años de Truman.

Como Presidente, después de la Segunda Guerra Mundial, Truman se mantuvo sólido frente a la derecha en sus impuestos a los ricos. Pero en otros frentes, intentó suplantarla. Sus movimientos en esa dirección, empezando con la introducción de “juramentos de lealtad”, establecieron la base para la histeria del McCarthysmo que explota en 1950. 

La resultante “amenaza roja” enfrió el discurso político en EEUU. Los creadores de opinión principales comenzaron a mantenerse alejados de cualquier postura que tuviera que ver con la lucha de clases. Pararon de hablar de los ricos. Los acumuladores, opinaban, devinieron una vieja historia. La lucha de clases en EEUU había acabado. Para progresar, la nación necesitaba simplemente concentrarse en el “crecimiento” de la economía.

Para los principales políticos liberales, este énfasis en el “crecimiento” de la economía tuvo un gran atractivo. El crecimiento ofrecía una salida fácil al marco de la Guerra Fría. Cantando el mantra del crecimiento, podían hablar sobre progreso sin necesidad de hablar de desigualdad –y arriesgar a ser tachados de izquierdistas o algo incluso peor.

Concediendo el estrellato al “crecimiento”, esos políticos podían aguantar el displacer de la Guerra Fría, como un historiador de la Universidad de Missouri señaló, “evadiendo las decisiones difíciles sobre la distribución de la riqueza y el poder en EEUU”.  

En los tempranos 60s, el presidente John F. Kennedy iría más allá en su preocupación por el crecimiento alejándose del ethos igualitario del New Deal. Altos impuestos a los ricos, proclamaba Kennedy, inhiben el crecimiento. Una economía “obstaculizada por impuestos restrictivos”, argumentaba, “nunca producirá suficientes trabajos”.

La administración Kennedy envió al Congresos una propuesta para reducir los impuestos de EEUU en todos los ámbitos. La tasa impositiva máxima sobre los ingresos altos, entonces el 91 por ciento de los ingresos de más de 400.000 dólares, se reduciría al 65 por ciento bajo el plan de Kennedy.

El Congreso aprobó finalmente la mayor parte de lo que Kennedy buscaba. En 1964, el año después de su muerte, su sucesor Lyndon Johnson firmó una ley que hacia caer el tipo impositivo máximo del 91 al 70%.

Johnson no evidenció más interés en reducir impuestos. Johnson, a diferencia de Kennedy, había crecido políticamente en el Washington del New Deal. Tenía grandes sueños, de una “Gran Sociedad”, una “Guerra contra la pobreza”. Pero estos ecos del New Deal estaban reverberando ahora en un contexto político diferente.  

“Una generación antes”, un ya viejo Walter Lippman apuntaba en 1964, “se hubiera considerado como asumido que una guerra contra la pobreza significaba tomar los impuestos de aquellos que tenían dinero”. Pero los actuales líderes de EEUU han rechazado esa idea. Creían, observaba Lippman, que el progreso social y económico ya no requería de impuestos altos a los ricos, que el “tamaño de la tarta puede ser incrementado por invención, organización, inversión de capital, y política fiscal”. 

O, como el presidente Kennedy afirmó célebremente, “la marea creciente levanta todos los barcos”. 

Una generación política más tarde, en 1981, el presidente Ronald Reagan seguiría el guión de Kennedy. Las tasas impositivas a las rentas más altas cayeron al 28% bajo Reagan, y Bill Clinton heredó finalmente, en 1993, una tasa del 31 %.

Como presidente, Clinton casi inmediatamente subió esa tasa mayor al 39’6%. Pero él nunca argumentó este incremento como un tipo de movimiento para reducir el tamaño de las grandes fortunas hacia una medida democrática. En su lugar hablaba de reducir el déficit. Las grandes fortunas nunca preocuparon a Clinton. 

“No somos gente que objete a nadie tener éxito”, declaraba.                             

Esta actitud sería la tendencia ideológica dominante en los círculos del Partido Demócrata a lo largo de los años de Bush. De alguna manera, el deseo del presidente Obama de extender los recortes a los ricos, sin luchar, simplemente refleja estas décadas de vieja indiferencia entre los demócratas sobre la concentración de la riqueza.

Pero el paisaje político, en medio de nuestra Gran Recesión, ha cambiado. Los peligros que como sociedad invitamos cuando apartamos la mirada de la persecución de las grandes fortunas se mantienen más vívidamente que en cualquier otro momento desde la Gran Depresión.

Respetados y reputados expertos y políticos en plataformas de opinión –premios Nobel como Joseph Stiglitz, ex altos cargos como Robert Reich– han estado vinculando estrechamente nuestros tiempos difíciles con lo que el politólogo de Yale Jacob Hacker llama “nuestra hiperconcentración en lo alto”.

La semana pasada, desafiando al recorte impositivo de la Casa Blanca, significativos cuadros y representantes del Partido Demócrata señalaron que ellos también están preocupándose ahora por la hiperconcentración.

De alguna manera, la desesperadamente necesaria batalla –sobre la actitud del Partido Demócrata hacia las grandes concentraciones de riqueza privada– por fin se ha dado. ¿Continuarán los demócratas en posiciones de poder haciéndoles guiños a los ricos que han destrozado la economía? O ¿tratarán de impedir su amasamiento de riqueza?

Esto dependerá en gran medida de cómo se juegue esta nueva batalla.

Sam Pizzigati edita Too Much, el boletín semanal online sobre exceso y desigualdad, publicado por el Institute for Policy Studies con sede en Washington D.C.



http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3813

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Persecución Cristiana Brutal

2 Timoteo 3

Carácter de los hombres en los postreros días

1 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 6 Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. 7 Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. 8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés,(A) así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. 9 Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos. 10 Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, 11 persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía,(B) en Iconio,(C) en Listra;(D) persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. 12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; 13 mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. 14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarg:uir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

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¿Qué es el Cristianismo? en 2 minutos ¿qué enseña la Biblia?

2 Tesalonicenses 2
Manifestación del hombre de pecado
1 Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él,(A) os rogamos, hermanos,
2 que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.
3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición,
4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto;(B) tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.
5 ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?
6 Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste.
7 Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.
8 Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca,(C) y destruirá con el resplandor de su venida;
9 inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos,(D)
10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira,
12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.
Escogidos para salvación
13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad,
14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.
16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia,
17 conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.
Joel 3
Juicio de Jehová sobre las naciones
1 Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén,
2 reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a quien ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra;
3 y echaron suertes sobre mi pueblo, y dieron los niños por una ramera, y vendieron las niñas por vino para beber.
4 Y también, ¿qué tengo yo con vosotras, Tiro y Sidón,(A) y todo el territorio de Filistea?(B) ¿Queréis vengaros de mí? Y si de mí os vengáis, bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza.
5 Porque habéis llevado mi plata y mi oro, y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos;
6 y vendisteis los hijos de Judá y los hijos de Jerusalén a los hijos de los griegos, para alejarlos de su tierra.
7 He aquí yo los levantaré del lugar donde los vendisteis, y volveré vuestra paga sobre vuestra cabeza;
8 y venderé vuestros hijos y vuestras hijas a los hijos de Judá, y ellos los venderán a los sabeos, nación lejana; porque Jehová ha hablado.
9 Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra.
10 Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces;(C) diga el débil: Fuerte soy.
11 Juntaos y venid, naciones todas de alrededor, y congregaos; haz venir allí, oh Jehová, a tus fuertes.
12 Despiértense las naciones, y suban al valle de Josafat; porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor.
13 Echad la hoz, porque la mies está ya madura.(D) Venid, descended, porque el lagar está lleno,(E) rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos.
14 Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión.
15 El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor.
Liberación de Judá
16 Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén,(F) y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.
17 Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella.
18 Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim.
19 Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente.
20 Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación.
21 Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sion.

2 Pedro 2

Falsos profetas y falsos maestros

1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

2 Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado,
3 y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.
4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;
5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;(A)
6 y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza(B) y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente,
7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados(C)
8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos),
9 sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio;
10 y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío.
Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores,
11 mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.
12 Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición,
13 recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores.
14 Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.
15 Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad,
16 y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.(D)
17 Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.
18 Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.
19 Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.
20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.
22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito,(E) y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.