A nadie le gusta que le mientan. Sin embargo, por todo el mundo la gente miente por una razón u otra, pero lo hace. Escribió un escritor: “La mayoría de nosotros nos cuesta mucho trabajo pasar una semana sin mentir. Una de cada cinco personas ni siquiera puede resistir un solo día, y estamos hablando de mentiras intencionales, premeditadas”.
Falsear es una práctica común en casi todo aspecto de la vida moderna y con todas las personas. Hasta los líderes políticos le mienten al pueblo y se mienten unos a otros. Vez tras vez aparecen por la medios de comunicación masiva, negando su envolvimiento en escándalos, cuando en realidad han estado seriamente envueltos en ellos.
La gente miente por una multitud de razones. Algunos creen que están obligados a mentir en cuanto a sus aptitudes a fin de prosperar en este mundo competitivo. Otros tratan de esconder sus errores o su culpabilidad con mentiras. Otros falsifican informes para dar la impresión de que han efectuado más trabajo del que en realidad han hecho. También están los que mienten para perjudicar la reputación ajena, para evitar la vergüenza, para justificar otras mentiras o para estafar.
Un forma común de justificar una mentira es diciendo que con ella se resguarda a alguien. Algunos consideran que se trata de una mentira piadosa porque creen que no perjudica a nadie. Pero ¿en realidad es inocuo este tipo de mentiras?
Una mentira piadosa que es muy practicada por la justificación de no dar dolor cruel a una persona, puede dar comienzo a la práctica de mentir en asuntos de mayor trascendencia.
Desde el tiempo de la desobediencia de Adán y Eva, la influencia desleal de este padre de las mentiras ha creado en el mundo de la humanidad un clima que estimula la mentira. (Juan 8:44.) Por eso la Biblia nos aconseja que nos cuidemos de la mentira: “Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas. . .” (Colosenses 2:8)
“¿A cuántos de ustedes nunca les ha mentido un cliente?” Esta fue la pregunta que un profesor de Derecho planteó en cierta encuesta a sus alumnos, con la finalidad de demostrar como la mentira abunda en todos lados y para todo, hay personas que se viven de la mentira.
La Biblia explica claramente por qué prolifera el engaño. El apóstol Juan escribió que “el mundo entero yace en el poder del inicuo” (1 Juan 5:19). Ese “inicuo” es Satanás el Diablo, de quien Jesús dijo: “No permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él. Cuando habla la mentira, habla según su propia disposición, porque es mentiroso y el padre de la mentira”. ¿Es de extrañar, acaso, que este mundo refleje el espíritu, los valores y la naturaleza mentirosa de su gobernante? (Juan 8:44; 14:30; Efesios 2:1-3.)
¿Podría contestarnos alguna pregunta siguiente? ¿Quién será realmente el amo de nosotros?’ ¿Por qué ocasiona daño mentir? ¿Qué efecto de largo alcance tendrá eso? ¿Quién dijo la primera mentira?
Falsear es una práctica común en casi todo aspecto de la vida moderna y con todas las personas. Hasta los líderes políticos le mienten al pueblo y se mienten unos a otros. Vez tras vez aparecen por la medios de comunicación masiva, negando su envolvimiento en escándalos, cuando en realidad han estado seriamente envueltos en ellos.
La gente miente por una multitud de razones. Algunos creen que están obligados a mentir en cuanto a sus aptitudes a fin de prosperar en este mundo competitivo. Otros tratan de esconder sus errores o su culpabilidad con mentiras. Otros falsifican informes para dar la impresión de que han efectuado más trabajo del que en realidad han hecho. También están los que mienten para perjudicar la reputación ajena, para evitar la vergüenza, para justificar otras mentiras o para estafar.
Un forma común de justificar una mentira es diciendo que con ella se resguarda a alguien. Algunos consideran que se trata de una mentira piadosa porque creen que no perjudica a nadie. Pero ¿en realidad es inocuo este tipo de mentiras?
Una mentira piadosa que es muy practicada por la justificación de no dar dolor cruel a una persona, puede dar comienzo a la práctica de mentir en asuntos de mayor trascendencia.
Desde el tiempo de la desobediencia de Adán y Eva, la influencia desleal de este padre de las mentiras ha creado en el mundo de la humanidad un clima que estimula la mentira. (Juan 8:44.) Por eso la Biblia nos aconseja que nos cuidemos de la mentira: “Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas. . .” (Colosenses 2:8)
“¿A cuántos de ustedes nunca les ha mentido un cliente?” Esta fue la pregunta que un profesor de Derecho planteó en cierta encuesta a sus alumnos, con la finalidad de demostrar como la mentira abunda en todos lados y para todo, hay personas que se viven de la mentira.
La Biblia explica claramente por qué prolifera el engaño. El apóstol Juan escribió que “el mundo entero yace en el poder del inicuo” (1 Juan 5:19). Ese “inicuo” es Satanás el Diablo, de quien Jesús dijo: “No permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él. Cuando habla la mentira, habla según su propia disposición, porque es mentiroso y el padre de la mentira”. ¿Es de extrañar, acaso, que este mundo refleje el espíritu, los valores y la naturaleza mentirosa de su gobernante? (Juan 8:44; 14:30; Efesios 2:1-3.)
¿Podría contestarnos alguna pregunta siguiente? ¿Quién será realmente el amo de nosotros?’ ¿Por qué ocasiona daño mentir? ¿Qué efecto de largo alcance tendrá eso? ¿Quién dijo la primera mentira?

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