FINGIENDO QUE NO TE DUELE ESTAR SOLA...


Imagínate lo siguiente: llevas sirviendo a Dios toda tu vida y lo único que Le pides es que te conceda tener tu propia familia. Sin embargo, el tiempo pasa y todavía sigues sola. Durante la semana incluso finges que no te importa mucho, pero cuando llega el sábado y te encuentras sola en tu cuarto, las emociones empiezan a controlar tu estado de ánimo… te sientes tan triste. No es que Dios no sea mejor que una pareja, sino que te gustaría compartir esta alegría que Él te ha dado, con otra persona.



Piensa en Abraham. Tardó muchos años en ver la única cosa que deseaba en la vida, la promesa inicial que Dios le había hecho: un hijo. Y aunque Dios le prometió a Abraham mucho más que un hijo, ese era el sueño de su vida De hecho, Abraham no llegó a ver todas las promesas de Dios cumpliéndose en su vida – nosotros si.



Para nosotros, todo lo que le pasó con Abraham tiene sentido. Para Abraham, en aquellos momentos, nada tenía sentido. Nosotros conocemos la historia, él no la conocía. ¿Si Dios le hubiese dado un hijo al principio, tendría él la fe necesaria para sacrificarlo a Dios posteriormente? ¡Por supuesto que no! Aquellos años moldearon Abraham y lo convirtieron en el hombre que conocemos hoy en día: verdadero amigo de Dios, padre de la fe ¡y la propia bendición en persona!



Dios sabe lo duro que te resulta estar sola… Él sabe lo mucho que te esfuerzas en no sentirte triste y Él sinceramente aprecia que sigas confiando en Él. Existe una razón para ese tiempo de espera, y aunque tardes un poco en descubrir el porqué, es gratificante saber que Él tiene todo bajo control. 



En ese día habrá una historia para contar, una gran historia de amor y confianza donde tú serás la protagonista.
IURD
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